Engaños y traiciones
- oreo, de bolsillo | Time: 2:56 pm (UTC+8) Comments (4)
El día que te enterré eran cerca de las doce de la noche. Arrastre el cadáver cerca de las orillas del mar, probé la arena y la sal. Camine muchas calles para poder llegar, te sentía tan pesado como a un muerto, frío, ya sin vida propia, inerte e indiferente ante todo lo que pudiera existir. Cuando moriste se perdió el significado de algunas cosas, se fue aquel suspiro de aire que cada vez me empujaba a intentar hacer algo, lo que fuera por ti. Cuando estábamos en la orilla del mar, abrace tantas veces tu cadáver, tu cuerpo frío, ya sin latidos. Si eras un mutante o un extraterrestre, si eras lo mejor o lo peor, lo más hermoso o lo más feo, lo más inteligente o lo más estupido… nada de eso me importaba. Llorar sobre un cadáver siempre ha sido tan difícil, porque no eres el primer muerto que entierro. El dolor de la herida es muy grande, porque nadie olvida todo cuando alguien muere, pasa el tiempo y se olvida un poco, se deja de pensar, se deja de pertenecer el uno por el otro. No eres el primer muerto, lo sabes, pero como me dueles. Me manche las manos esa noche de sangre mezclada con unas escasas lágrimas, un coraje, un orgullo, una desilusión que me mata. La noche de tu muerte te hable como nunca mientras agonizábamos en el momento trágico, no entiendo el valor que tengo para seguir con esto que se dice vida. No es rosa, no es de ningún color, esta matizada y combinada de tantos colores y sabores que no la entiendo. No tengo edad para ello.
El enterrarte anoche con mis propias manos, el desmenuzar cada historia de cada encuentro es como retener el nudo en la garganta mientras te cierro los ojos y exprimo tu sangre con mis manos. Cortar y rebanar todo hoy fue lo mejor que pude esperar en este día, sabía que el dolor vendría, que estará por un tiempo, pero sé que no se quedara ahí. Cerca de las tres de la mañana, cuando puse el último puño de tierra sobre tu sepultura me quede hablando con Él, el mismo señor que nos presento y nos cruzo las vidas, ya nada hay en él, me dijo… esta muerto, solo entiérralo… ya sabías que un día moriría, lo sabías.
Enterrar lo vivo resulta tan confuso, se vuelve moribundo, se cree aun existente, latente, y la mente dice que no existe, que se acabó. Después de agonizar tres veces decidí matarte a puñaladas, la sangre me salpicaba la cara, las manos se llenaban de sangre, las vísceras se veían y entonces el aliento se fue en un segundo mientras morías. Entonces todo pasaba como una película en la mente, los días contigo, todo lo que existió, todo lo lindo, todo lo que escribí para ti, todo lo que di, me pregunte por qué no me atreví a ser egoísta, por qué no me atreví a ser la peor persona, a ser lo más vil y miserable contigo. Esperé tanto de ti, guarde la esperanza de vivir juntos por siempre, de envejecer juntos de la mano, de quererte cuando más o menos posesiones tuvieras, te quise entender siempre, en cada momento que pude respirar cerca de ti. Te di todo lo que hubiera dado por alguien a quien amé con todo mí ser, terminé asesinándote, terminé con un dolor en las manos. No quiero tenerte vivo y sin sentirte, no quiero guardar más esperanzas falsas.
Un día apareciste siendo lo mejor que podía tener, un día apareciste para transformar todo lo que tenía, para enseñarme a amarte tanto y querer dejar todo por ti, un día apareciste siendo un motivo que me impulsaba y me retenía en muchas cosas, por ti luchaba, por ti fui capaz de perdonar y adaptarme a quien no quería, por ti soporte cosas que no quería. Te amé y no recibí nada a cambio más que dolor y confusión, mis palabras las sentí vacías, las tuyas no las creí. Después de haber muerto te convertiste en un monstruo, te transformaste en el ser más horrible que pueda existir y te limitaste a decir “así soy”, de tu piel emanaba arrogancia, orgullo, egoísmo y prepotencia al máximo nivel. La ternura se había ido por el caño.
Si el amor hoy no muere, lo buscaré hasta matarlo, hasta despedazarlo y quemarlo. De regreso a casa arrastre la pena por todas las calles que caminamos de la mano, recogí los pasos, uno a uno y perdí la noción mientras regresaba. Cuando volteé al lado izquierdo te vi sentado, estabas ahí escuchando aquella canción de hace dos años, cuando todo comenzó. No estaba imaginando estabas ahí y yo te había enterrado, no tenías nada, ni un cinco en la bolsa, ni palabras, solo me abrazabas y yo no sentía nada. Mis ojos se hacían grandes, era de madrugada y el insomnio me dominaba, ya en la puerta de la casa mientras abría volteé a mirarte por última vez, me abrazaste tan fuerte y te dije adiós para siempre.
El día que se elevo tu alma, que tu cuerpo perdió 21 gramos de peso, que tu vida perdió una de las mejores personas que pudiste haber tenido, ese día fue hoy cuando te maté, cuando las horas pasaban y no morías. El calor se sentía en su máximo punto, las vueltas en la cama no cesaron, los vasos de agua a las cinco de la mañana, y a las seis llego el momento de derramar lágrimas.
Al siguiente día arme una fortaleza, comencé a construir con los cimientos. Contrate al viejo arquitecto y me diseño la vida en un momento, me ofreció destruirte, me ofreció hacerte todo lo que pudiera. No tiene caso, el monstruo esta vivo. A tu funeral nadie fue invitado, no tienes dirección, no tienes decisión, aunque te crean maduro no lo eres, aunque te creas golpeado por la vida no lo eres, aunque te sientas el todopoderoso no lo eres. Él te sacará del paraíso en el que quieres estar, yo lo he visto en miles de personas más. Cuando mi sed de venganza me invadió decidí olvidarte de cualquier manera, a costa de lo que fuera, la tercer vez que te maté será para siempre, no tienes siete vidas, no las tienes, se te acabaron una a una.
El día que me tapaste los ojos y me volviste ciega ese día debí haberte asesinado, debí haberme despojado de las ilusiones, de todo lo que tu boca dijo. Ciega estaba pensando que eras lo mejor, que eras lo único que existía para mí, nunca vi tu piel morena, tus kilos demás, nunca vi tus faltas de ortografía, tu estupida inmadurez, jamás vi defecto alguno en ti. Dude muchas veces, te quise como un juego y después termine amándote tanto que ni yo lo entendía. Te hice parte de mi familia, te hice parte de mi vida. Te deje entrar a mi vida sin restricciones, sin topes, sin altos, sin nada, te di pase directo a todo. Te di y no recibí.
Cuando te mate impulsivamente descubrí que tu ya tenías planeada mi muerte para estos días, solo dejabas que pasará el tiempo como si no importara. Moriría quizás la tarde en el cine, por la noche en el café, caminando cerca de la playa o sentada en la Machado, moriría lentamente, ahorcada con la misma frase de siempre, sumergida en el tiempo de espera.
Cuando el dolor se hizo presente, me sentí confundida. Ya es otro día y ya no hay nada de ti. En mis hombros sentí una carga pesada, mi cuerpo se desvaneció unos instantes, abrí los ojos y las lágrimas salieron una a una sin explicación alguna. Ya cerca de las diez del otro día la vida se transformo, entonces igual que hace un año llegó a mi mente aquel comentario donde me dejaron la despedida de Macumba.
Adiós. Y con un adiós no se guarda una esperanza, se entierra un corazón con un puño de sueños y sensaciones hacia ti. Se termina lo que comienza, se acaba todo con una inundación, se llena el ser de olvido, de odio en cierta manera, de celo, de coraje, de impotencia. Por mucho que lo hubiera querido, por mucho que lo entendía, por mucho que lo esperaba, por mucho que quise asesinarte, por mucho que lo presentí desde mayo, por tanta distancia, por todo lo bueno y lo malo hoy no eres nada, porque polvo eres y al polvo regresas, a tus ovejas las deje ir. Por cualquier cosa, me manche las manos de sangre por ti, me herí a mi misma, me perdí. Siento dolor porque tengo corazón, siento dolor, mucho dolor.
El día que arrastre tu cadáver me sentí tan fuerte como para en un momento sentirte liviano, me sentí segura como para matarte. Me sentí triste como para darme un tiro, me sentí estupida por haberte querido tanto, me sentí vilmente estupida por tener fé en lo imposible. El día que arrastre tu cadáver a las doce de la noche me sentí fuera de la realidad.
Me gustas cuando lloras conmigo, cuando ríes conmigo, cuando me cuentas tus chistes malos y debo reír, cuando te tragas los chicles, cuando te beso y tiemblas, cuando haces una voz irresistible, cuando lloras por mi, cuando me despiertas de madrugada porque no puedes dormir, cuando te enojas porque yo pago, cuando quieres ser indiferente a mi, cuando eres presa de ti mismo y niegas todo.
Me gustas porque eres sincero, porque eres tierno, porque eres lindo, porque llegas a ser estupido, porque eres lo suficientemente cursi, porque eres amable, porque eres de mi edad, porque hablas bien, porque trabajas, porque luchas por lo que no tienes, porque me das todo de ti, porque crees demasiado en mi, porque sabes que esperar de mi, porque sabes de que forma conseguir todo de mi, me gustas porque eres irresistible.
Me gustas cuando escribes con la mano izquierda y debo descifrar tus letras, me gusta reír con tus faltas de ortografía, me gustas cuando no sabes de que estoy hablando, me gustas cuando sabes que debes de darme la razón, me gustas cuando te sientas y me ves a los ojos, me gustas cuando no sabes tomar fotos, me gustas cuando intentas leer mis autores favoritos, me gustas más cuando no puedes negarte a nada de lo que te pido.
Me gustas porque contigo puedo imaginar todo, me gustas porque puedo confiar en ti, me gustas porque sé que no eres cualquiera, me gustas porque todos hablan bien de ti, me gustas porque en ti me encuentro, me gustas porque eres lo que más amo, me gustas porque eres espontáneo, me gustas cuando te veo sonriendo con los bebes, me gustas porque eres extremadamente tierno, me gustas cuando imaginas y me cuentas nuestra vida juntos, me gustas cuando me pides favores, cuando ruegas un beso, un abrazo, una caricia. Me gustas cuando te enojas, cuando te alegras, cuando te sonrojas, cuando tiemblas, cuando ríes, cuando, cuando caminas, cuando comes lo mío, cuando te mojas bajo la lluvia de mi mano, cuando te sientas y juegas en la arena conmigo aunque odios llenarte de arena, me gustas cuando pierdes todo por mí.
Me gustas porque te amo, porque no encuentro una razón mínima para dejar de amarte, porque también me imagino toda la vida contigo. Porque sin ti me perdería de mí. Me gustas porque recuerdas mi cumpleaños, porque recuerdas cada letra que te escribo, porque guardas todo lo que te doy, porque compartimos secretos que a nadie más podemos decirlos.
Me gusta saber que existes, que eres para mí, que eres todo lo que pedí.
Me gusta hacer todo por ti, tenerte en mi mente cuando menos lo espero.
Me gusta compartir contigo, entenderte aunque resulte difícil.
Me gusta amarte, esperarte aunque me duela, pero al final tenerte conmigo.
Me gusta saber que existes para mi, que cada parte de ti es mía.
Me gusta saber que eres el único, que eres perfecto, que no hay nadie más en mi vida.
Me gusta que Él nos haya cruzado las vidas en el momento justo.